Para los analistas de la derecha en México, ésta aparece en su inicio como un archipiélago de grupos políticos, por cuyos canales se mueven élites regionales que aspiran a influir en la integración del poder en México por los dos medios que reconoce el sociólogo alemán Max Weber: por medio de los mecanismos electorales previstos por las leyes ad hoc, y por medio de la integración soterrada a los equipos del poder de miembros de las élites ahora rebasadas por la nueva burguesía de los negocios ilícitos
El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales sobre el que ha prevenido Pierre Hillard, de la Red Voltaire (Hacia la construcción de una comunidad de América del Norte), entra en la escena para privatizar, mediante su control de los círculos panistas, todo lo que es aún privatizable. Una mirada a los grupos de derecha es necesaria para explicar los motivos de los cambios que han abierto el paso al CMAI.
Felipe Calderón Hinojosa alcanzó la presidencia de la república por la acción de grupos elitistas descritos en el libro Cuba 88 obra de Luis Calderón Vega, grupos nacidos en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos que entre 1937 y 1939 intervinieron en la formación de la organización secreta denominada la Base, como se revela en la comparación de los nombres de quienes intervinieron en la UNEC con los de los cuadros medios panistas activos hasta los años sesentas. Sus herederos siguen siendo el motor del PAN y de la nueva variable del neopanismo ligada al CMAI, que acaba de reinstaurar Felipe Calderón para preparar la privatización de los energéticos.
Las élites panistas han dejado de confrontarse con las que el partido oficial (PRI) en sus distintas etapas formó en los años transcurridos de 1929 fecha de su fundación hasta 2000, cuando el PAN ganó la presidencia de la república. El nuevo establishment ha abierto el camino al modus operandi de élites priistas que conviven muy a gusto con las impulsadas por el PAN, aunque en el inner circle del presidente Felipe Calderón se mueve una élite de estructura clánica, que va de José María Basagoiti, de quien se rumorea que es el empresario fundador del Yunque, a César Nava, ex secretario particular de Calderón y desde hace unas semanas flamante secretario general del PAN.
Este nuevo entreveramiento elitista ha podido surgir porque su contraparte, la socialdemocracia latinoamericana, la mexicana en especial, ha quedado dliluida en el social liberalismo, lejos aún de la fórmula democrática, fragilizada además por la debilidad de la clase obrera y de las organizaciones sindicales y deslegitimada por su renuncia a la transformación social. La Fundación Friedrich Ebert en México, por ejemplo, se dedica a dar lecciones a los sindicatos mexicanos sobre como ser buenos movimientos globalizadores en lugar de fomentar al menos el espíritu reformista entre la alta burocracia sindical.
Con su izquierda mediatizada por la corrupción, que está mucho más generalizada en México que en los países del norte, como dice José Vidal-Beneyto, la derecha mexicana encuentra el campo propicio para manejar las cosas a su antojo. De tal mamera y a falta de una opción política más servil frente a los intereses anglosajones, la derecha mexicana prepara el terreno para privatizar los energéticos, para poner los sistemas de seguridad y los dispositivos de defensa de la nación a merced de la estrategia de seguridad norteamericana y del Comando norte, y para reprimir a propios y extraños dentro de las fronteras nacionales. Los pactos secretos en los que se consagra el sometimiento de la élite política norteamericana tiene cada día más agujeros porque la mística mentirosa del combate al terrorismo (un terrorismo que sólo existe en la mente perversa de la familia Bush y los suyos) será abatida con un gobernante de nuevo tipo, incapaz de ver en las élites derechistas mexicanas a cómplices en potencia.
Conformación de las élites reaccionarias
En los altos cargos de la administración pública mexicana, en cualquier etapa de la historia moderna, han sido inevitables ciertos apellidos, como De Teresa, Legorreta, Ortiz Monasterio, Sodi, Reyes Retana, Ruiz de Chavez, Vicencio, cuyas figuras actuantes jamás alcanzarían el poder por la vía electoral, pero que en cambio aseguran sus vías de acceso por los mecanismos exclusivos de las élites. Estas pululan en las sociedades de ideas, numerosas aún aunque sus ideas sean escasas, en los partidos políticos de todos los tamaños y en los grupos de presión que si bien la teoría política los diferencia de manera tajante de los partidos políticos, esa diferencia tiende ahora a hacerse invisible. Esta clasificación de los grupos de derecha mexicanos que figura en wikipedia es la que mejor expresa las ambiciones diseñadas bajo la forma de principios y valores:
* La derecha conservadora, interesada en la preservación de ciertos valores morales de la tradición católica, tal como eran reivindicados por las corrientes influidas por los conservadores españoles como Ramiro de Maeztu, Juan Vázquez de Mella, Juan Donoso Cortés, José Antonio Primo de Rivera. Bajo estas vertientes ideológicas fueron emplazadas en México las organizaciones católicas, secretas o no.
* La derecha liberal, defensora del liberalismo económico y generalmente opuesta a la acción del Estado como regulador de la actividad de los particulares; a esta corriente pertenecen los nuevos grupos secretos unificados de 1968 en adelante bajo el auspicio de ideólogos como Leo Strauss, satanista nietzscheano importado del bunker neoliberal bushista. El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, lobby sionista de México, es el mayor tentáculo del bushismo en México para la privatización y para comprometer a la nación en los engranajes "antiterroristas" de los straussianos. Al respecto se recomienda la lectura del artículo citado de Pierre Hillard, aparecido en el Réseau Voltaire.
* La ultraderecha es el término peyorativo usado por militantes de izquierda para describir a grupos que sostienen versiones extremas de los dos anteriores puntos y esfrecuentemente acusada de influir y orientar en los gobiernos panistas en términos caracterizados por las "teorías de la conspiracion". La corriente hispanista se ha debilitado en beneficio de la que deriva de los animadores de la Sociedad Mont Pélerin, formada en México bajo el auspicio del gobierno Ernesto Zedillo (1988- 1994).
La wikipedia expresa, no obstante, que esta clasificación es insuficiente porque no incluye a todos los grupos mexicanos de derecha. Por ejemplo, a conservadores mexicanos célebres como el hispanista Lucas Alamán, que fueron partidarios en el periodo inicial del México independiente del proteccionismo económico y de un sistema financiero al servicio de la acumulación racional de riqueza. La derecha mexicana como categoría social es, en parte, una construcción histórica que obedece a la asunción del poder por los liberales del siglo XIX y que se consolidó durante las primeras décadas del siglo XX con el presidencialismo posrevolucionario. No ha hecho escuela Alamán entre los derechistas del momento si bien hay uno que otro por allí que se reclama de su causa.
Contundente es el psicoanalista Fernando González al situar esta diversidad en su libro vital para la comprensión de la guerra cristera (Matar y morir por Cristo Rey, editado por la UNAM en 2001) como cultura: "...son, pues, distintas culturas católicas funcionando, pero también entreverándose. Cultura(s) católica(s) que permite(n), al mismo tiempo las catacumbas y la vida pública, de la cual se ha hablado y escrito muy poco hasta la fecha". El también sociólogo doctor González explica por primera vez en un libro el origen de las organizaciones católicas de carácter secreto que localiza en la U (Unión de Católicos Mexicanos), fundada por el sacerdote Luis María Martínez -que en 1936 sería ungido arzobispo primado de México-, y por Alberto Abascal, padre de don Salvador abascal, quien habría de ser un fundador de la Unión Nacional Sinarquista. A ella perteneció también Mauro González, padre de Efraín González Luna, futuro integrante del equipo de fundadores del PAN, entre otros.
lunes, 11 de febrero de 2008
martes, 29 de enero de 2008
El lider de la no-violencia
Los escritos de Gandhi resultan poco estimulantes para quienes busquen ideas transparentes y redondas. No aparece, con la lectura, la cabeza de teólogos como Santo Tomás, filósofos como Hegel, filólogos como Nietzche, científicos como Einstein. La belleza expresiva de su pensamiento marcha asociada con exasperantes incoherencias, superpuestas a un mensaje redentor que oscila entre la ascesis individual y la lucha de liberación.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.acional concreta de los pueblos.
Es el momento de que los mexicanos tengamos presentes a seres humanos de esta categoria ya que ante un gobierno represor que puede utilizado cualquier para conseguir su objetivo no se puede usar la fuerza y como solo y unico recurso nos queda el intelecto y la unificacion de actos en caminados al bien social que tanto necesitamos
El estallido de la Segunda Guerra Mundial fue el motivo de que Gandhi, una vez más, retornara al primer plano político. Su oposición al conflicto bélico era absoluta y no compartía la opinión de Nehru y otros líderes del Congreso, proclives a apoyar la lucha contra el fascismo. Pero la decisión del virrey de incorporar el subcontinente a los preparativos bélicos de Gran Bretaña sin consultar con los políticos locales, clarificó las aguas, provocando la dimisión en masa de los ministros pertenecientes al Congreso. Tras la toma de Rangún por los japoneses, Gandhi exigió la completa independencia de la India, para que el país pudiera escoger libremente sus decisiones. Al día siguiente, el 9 de agosto de 1942, era arrestado junto a otros miembros del Congreso, lo que produjo una sublevación en masa de los nativos, seguida por una serie de revueltas violentas en todo el territorio indio. Ésta fue la última prisión del Mahatma y quizá la más dolorosa, porque desde su presidio en Poona se enteró de la muerte de su mujer, Kasturbai. Era ya un anciano frágil y debilitado cuando salió en libertad en el año 1944.acional concreta de los pueblos.
Es el momento de que los mexicanos tengamos presentes a seres humanos de esta categoria ya que ante un gobierno represor que puede utilizado cualquier para conseguir su objetivo no se puede usar la fuerza y como solo y unico recurso nos queda el intelecto y la unificacion de actos en caminados al bien social que tanto necesitamos
miércoles, 23 de enero de 2008
FRAUDE DE INVERSORES
A lo largo de esta etapa neoliberal por la que atravesamos los mexicanos,la iniciativa privada nacional y extrangera han aprovechado su gran ingenio visionario para los negocios y a sus mejores marionetas gubernamentales para demostrar que saben hacer negicios,por eso Carlos Slim compro TELMEX y Carlos Salinas Pliego Imevision ambas probadisimos negocios ya con muchos clientes,PEMEX no es la escepcion pues en el vasto mundo de los energeticos,como la solar,la eolica,la nuclear,los bioenergeticos,al petroleo es el energetico mas usado en el mundo aunado a que se agota y que Mexíco aun tiene muchas zonas no exploradas y con ricos yacimientos,hoy es momento de concientizarnos para tomar las desiciones que mas convengan para un verdadero proyecto de nacion independiente.
martes, 11 de diciembre de 2007
QUE NO TE AGARREN DORMIDO
Cuando hablan de las reformas al COFIPE y los medios de comunicaciòn se rasgan las vestiduras en nombre de la libertad de expresion, tenemos que ner en cuenta que a los unicos afectados con estas reformas,puesto que ningun mortal puede pagar el alto costo de un,por lo menos un,comercial en TV.ademas que exhibe la reponsabilidad de estos medios en el atraco electoral del año pasado con plena conciencia de los partidos politicos haciendolos complices de aquellos,hay que estar muy atentos,esos mensajes escondios son fiel muestra de que nuestras leyes estan caducando y que tenemos que participar en las modificaciones posteriores ya que sino otra vez pueden hacer un traje a su medida.
sábado, 8 de diciembre de 2007
"El abrazo que no se dieron:Rivales siempre, Diego Rivera y Siqueiros nunca pudieron fingir cordialidad"lajornanada;Rodrigo Moya
"En abril de 1956 recibí una llamada telefónica para ir a fotografiar a dos grandes artistas juntos: Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. La cita era inmediata, así que tomé un taxi para llegar cuanto antes a la calle de Ignacio Mariscal, allá entre el Monumento a la Revolución y el edificio de la Lotería Nacional.
Al llegar a la dirección indicada, la Galería Diego Rivera, propiedad de Emma Hurtado, estaban ya los dos colosales artistas esperando al fotógrafo. De inmediato, sin preámbulos, comencé mi tarea.
Habiendo tantos fotógrafos notables, inclusive amigos de ambos artistas, me preguntaba por qué yo, reporterillo incipiente prácticamente desconocido, había sido elegido para consagrar fotográficamente tan importante momento. Porque pese a mi novatez, no se me escapaba la trascendencia de esa reunión.
Diego Rivera había viajado en 1955 a la URSS y en los corrillos de la cultura y el periodismo se sabía que el cáncer de próstata que el eminente médico Ignacio Millán le había diagnosticado ese mismo año no había cedido ni siquiera con la avanzada tecnología médica de la Rusia socialista.
Diego se sabía desahuciado, con la muerte instalada en el cuerpo. Y allí estaba, frente a mi cámara, mirándome con esos ojos de sapo impasible y su enigmática sonrisa de Buda donde cabían juntas la ironía y la sabiduría, pero también la tristeza y cierto aburrimiento de tener enfrente a un fotógrafo imberbe y nervioso, y a un lado, su contrincante de tantas historias: David Alfaro Siqueiros. De seguro pensaba Diego al ver mi cámara, en lugar de estar allí atrapado por alguna circunstancia política, y más que el dudoso placer de posar junto a Siqueiros, le gustaría estar pintando, pintando, pintando como pintó siempre, de día y de noche, hasta los últimos instantes de su vida, con una capacidad creativa que la naturaleza sólo concede a los genios, y el mito a los titanes.
A pesar del cáncer que estaba destruyendo sin remedio su ciclópea humanidad, Diego no se había rendido frente al diagnóstico emitido en la clínica Funkin, de Moscú, donde las radiaciones de la avanzada bomba de cobalto no habían logrado más que detener un tanto el mal.
En 1955 Diego observó en Moscú, desde algún balcón privilegiado cerca de la Plaza Roja, el desfile conmemorativo del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 y tomó apuntes a lápiz: miles de abanderados, una gran esfera símbolo de la paz empujada por una masa compacta de trabajadores, ríos de gente y, a la izquierda, la estructura imponente de un palacio zarista con el Kremlin en la bruma de la distancia. Luego, el invierno, y en medio de su lucha contra la muerte y, como si nada, Diego paseó por las calles moscovitas y viajó a Praga y Alemania, donde dibujó las calles nevadas, a un grupo de obreros moviendo bloques de hielo, a rusitos jugando con la nieve que le habrán recordado su dilección por los rostros de ojos rasgados de los niños mexicanos.
Como si nada también, regresó a México a principios de 1956 y se instaló en la casa de Dolores Olmedo, en Acapulco, para pintar sin descanso los cuadros con los bocetos captados en la URSS, en Praga y en la República Democrática Alemana, a los que añadió una escena de barcas de pescadores sobre las arenas de Acapulco.
Y como si nada siempre, ese poderoso ser, a punto de caer derribado, estaba ahora de espaldas a esos cuadros posando de mala gana para mi cámara, incapaz de fingir cordialidad con Siqueiros, como confirman las fotos que tomé. El hielo de los cuadros emanaba impregnando de frialdad anímica el ámbito tropical de la casa de Emma Hurtado.
¿Qué podía hacer yo para lograr una fotografía que significara cordialidad, camaradería, entendimiento, el borrón de la tormentosa polémica entre ellos iniciada en 1934, nunca resuelta del todo y sí causante de un sedimento por lo menos de animadversión? Y luego, tantas fisuras políticas y diferencias conceptuales: David Alfaro, militante radical del Partido Comunista, ametrallando una noche de 1939 la casa de León Trotsky; Diego, expulsado del Partido y años después readmitido; y Siqueiros a la cabeza teórica de la pintura mural comprometida con el socialismo, mientras Diego pintaba para Rockefeller; Siqueiros, valiente, teórico y panfletario, monógamo y solemne, condenado a la cárcel o al exilio varias veces por su arrojo político; Diego, mitómano genial, contradictorio, hedonista, libidinoso conquistador de mujeres jóvenes, apacible y tempestuoso al mismo tiempo. Ambos gigantes del trabajo artístico deberían de pasar a la historia como camaradas reconciliados, más allá de sus polémicas históricas y sus diferencias personales y políticas.
Y antes de que Diego dejara este mundo se requería esa fotografía para que la historia los registrara como dos militantes en la misma causa, y no como los contrincantes que siempre fueron. Por eso yo estaba allí, sufriendo, tratando de sacar de esos dos hoscos monumentos una mirada franca, un gesto fraterno mínimo, tal vez un abrazo o las manos estrechadas. Pero ellos no se miraban entre sí, no se hablaban, no se tocaron, y cuando les pedía atención hacia la cámara, me miraban como a un extraño, sin decir nada.
Desde el punto de vista umbilical de mi Rollei, trataba de moverlos, de aproximarlos, de que se miraran a los ojos. Para romper la distancia que mantenían les propuse tímidamente que se juntaran viendo hacia mí, sonriendo, por favor… Como dos jóvenes amigos, como dos camaradas, como compadritos, habré pensado en mi inocencia. ¡Qué pifia! Durante un segundo me miraron sin acercarse ni un centímetro. Tomé la foto. Insistí. Voltearon uno hacia el otro pero sin mirarse a los ojos. Tomé la foto. Más cerca, por favor, mirando para acá, maestro… Se aproximaron un paso, pero como dos especies distintas y cautelosas, los rostros confrontados pero las miradas divergentes. Tomé la foto. Avancé y a un metro tomé una más, Diego mirando hacia el suelo con su sonrisa enigmática, Siqueiros mirándome como un coronel, desvinculados uno del otro.
La distancia insalvable entre los titanes
Comprendí que estaba en el camino equivocado. La foto era ésa: la distancia insalvable entre los titanes, la incomunicación, la suma de desavenencias y décadas de polémica. Ya no me importó si sonreían o no. Dejé de ser el fotógrafo por encargo, el ilustrador de incidentes para una publicación, y supe que esos gestos y actitudes eran su realidad, y que eso había que captar… Entonces me sentí seguro de lo que quería, y empecé a disparar a mi manera. ¿Estaban serios, casi groseros, no se miraban? Bueno, pues así los fotografiaría. Di un paso más y tomé un acercamiento. Siqueiros pasaba su mirada como una bala perdida encima del hombro de Diego. Pero Diego Rivera, como un lento brontosaurio, giró su corpulenta humanidad hacia mí mientras enfocaba, y de pronto extendió su brazo sin violencia alguna, suavemente, pero con firmeza definitiva y solemne dijo: “¡Basta, ya basta!” Entonces di por terminada la sesión fotográfica, enfundé la cámara y me despedí. Había logrado tomar apenas ocho fotografías.
Esto fue en abril de 1956, y un 24 de noviembre de 1957 la vida de Diego Rivera se apagó. No imaginaba que Regino Hernández Llergo, el mítico director de la revista Impacto para la cual yo trabajaba, me ordenaría cubrir minuciosamente el funeral al lado del escritor, periodista y crítico de arte Antonio Rodríguez, defensor como pocos de la pintura mural mexicana y amigo e historiador de los grandes creadores de esa corriente. Junto a él vería el cuerpo de Diego en su casa de San Ángel, y luego en el ataúd bajo la cúpula de Bellas Artes, donde todo México le rindió tributo, y más tarde fotografiaría a Siqueiros junto a la fosa misma, donde la multitud se arremolinaba curiosa y dolida. Allí, en el Panteón de Dolores, aún al pie del sepulcro hubo incidentes cuando Siqueiros quiso despedirse de Diego con un discurso como del camarada militante que fue, y alguien quiso poner sobre el féretro la bandera roja con la hoz y el martillo. Esto desató las violentas reacciones consignadas fotográficamente en el reportaje que pocos días después desplegó Impacto en sus ocho páginas centrales. La crónica de Antonio Rodríguez, que hoy reproducimos, fue la más amplia y sentida de cuanta información se generó alrededor de la muerte del Titán.
El incomparable sello del diseño gráfico de don Regino y su instinto para resaltar la noticia mediante su manejo de las páginas periodísticas, lograba destacar los hechos notables en un impactante y perfecto contrapunto de textos, fotografías desplegadas, pies de grabado medidos milimétricamente, cabezas y sumarios, que metían al lector en algo más que una noticia, en algo más que un conjunto de fotografías o acontecimientos que ya pertenecían al pasado, pero que gracias a su puesta en página podían perdurar para el futuro, de las docenas de reportajes y de los miles de negativos extraviados en los avatares de un fotógrafo de prensa como el que fui, aquellos perdidos de la cobertura de la muerte de Diego al lado del inolvidable portugués Antonio Rodríguez, son los que más me duelen.
El hecho es que Diego murió como militante comunista y, seguramente, con un dejo de alegría en medio del dolor, cuando, unos meses antes, el cielo empezó a ser surcado por los sputniks, primeros satélites artificiales lanzados por el hombre hacia la conquista del espacio, precisamente desde la tierra donde nació la primera aventura socialista de la humanidad. Pintó hasta el día anterior al colapso, y su último boceto para un cuadro que ya no haría, se llama Niño con sputnik"
Al llegar a la dirección indicada, la Galería Diego Rivera, propiedad de Emma Hurtado, estaban ya los dos colosales artistas esperando al fotógrafo. De inmediato, sin preámbulos, comencé mi tarea.
Habiendo tantos fotógrafos notables, inclusive amigos de ambos artistas, me preguntaba por qué yo, reporterillo incipiente prácticamente desconocido, había sido elegido para consagrar fotográficamente tan importante momento. Porque pese a mi novatez, no se me escapaba la trascendencia de esa reunión.
Diego Rivera había viajado en 1955 a la URSS y en los corrillos de la cultura y el periodismo se sabía que el cáncer de próstata que el eminente médico Ignacio Millán le había diagnosticado ese mismo año no había cedido ni siquiera con la avanzada tecnología médica de la Rusia socialista.
Diego se sabía desahuciado, con la muerte instalada en el cuerpo. Y allí estaba, frente a mi cámara, mirándome con esos ojos de sapo impasible y su enigmática sonrisa de Buda donde cabían juntas la ironía y la sabiduría, pero también la tristeza y cierto aburrimiento de tener enfrente a un fotógrafo imberbe y nervioso, y a un lado, su contrincante de tantas historias: David Alfaro Siqueiros. De seguro pensaba Diego al ver mi cámara, en lugar de estar allí atrapado por alguna circunstancia política, y más que el dudoso placer de posar junto a Siqueiros, le gustaría estar pintando, pintando, pintando como pintó siempre, de día y de noche, hasta los últimos instantes de su vida, con una capacidad creativa que la naturaleza sólo concede a los genios, y el mito a los titanes.
A pesar del cáncer que estaba destruyendo sin remedio su ciclópea humanidad, Diego no se había rendido frente al diagnóstico emitido en la clínica Funkin, de Moscú, donde las radiaciones de la avanzada bomba de cobalto no habían logrado más que detener un tanto el mal.
En 1955 Diego observó en Moscú, desde algún balcón privilegiado cerca de la Plaza Roja, el desfile conmemorativo del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917 y tomó apuntes a lápiz: miles de abanderados, una gran esfera símbolo de la paz empujada por una masa compacta de trabajadores, ríos de gente y, a la izquierda, la estructura imponente de un palacio zarista con el Kremlin en la bruma de la distancia. Luego, el invierno, y en medio de su lucha contra la muerte y, como si nada, Diego paseó por las calles moscovitas y viajó a Praga y Alemania, donde dibujó las calles nevadas, a un grupo de obreros moviendo bloques de hielo, a rusitos jugando con la nieve que le habrán recordado su dilección por los rostros de ojos rasgados de los niños mexicanos.
Como si nada también, regresó a México a principios de 1956 y se instaló en la casa de Dolores Olmedo, en Acapulco, para pintar sin descanso los cuadros con los bocetos captados en la URSS, en Praga y en la República Democrática Alemana, a los que añadió una escena de barcas de pescadores sobre las arenas de Acapulco.
Y como si nada siempre, ese poderoso ser, a punto de caer derribado, estaba ahora de espaldas a esos cuadros posando de mala gana para mi cámara, incapaz de fingir cordialidad con Siqueiros, como confirman las fotos que tomé. El hielo de los cuadros emanaba impregnando de frialdad anímica el ámbito tropical de la casa de Emma Hurtado.
¿Qué podía hacer yo para lograr una fotografía que significara cordialidad, camaradería, entendimiento, el borrón de la tormentosa polémica entre ellos iniciada en 1934, nunca resuelta del todo y sí causante de un sedimento por lo menos de animadversión? Y luego, tantas fisuras políticas y diferencias conceptuales: David Alfaro, militante radical del Partido Comunista, ametrallando una noche de 1939 la casa de León Trotsky; Diego, expulsado del Partido y años después readmitido; y Siqueiros a la cabeza teórica de la pintura mural comprometida con el socialismo, mientras Diego pintaba para Rockefeller; Siqueiros, valiente, teórico y panfletario, monógamo y solemne, condenado a la cárcel o al exilio varias veces por su arrojo político; Diego, mitómano genial, contradictorio, hedonista, libidinoso conquistador de mujeres jóvenes, apacible y tempestuoso al mismo tiempo. Ambos gigantes del trabajo artístico deberían de pasar a la historia como camaradas reconciliados, más allá de sus polémicas históricas y sus diferencias personales y políticas.
Y antes de que Diego dejara este mundo se requería esa fotografía para que la historia los registrara como dos militantes en la misma causa, y no como los contrincantes que siempre fueron. Por eso yo estaba allí, sufriendo, tratando de sacar de esos dos hoscos monumentos una mirada franca, un gesto fraterno mínimo, tal vez un abrazo o las manos estrechadas. Pero ellos no se miraban entre sí, no se hablaban, no se tocaron, y cuando les pedía atención hacia la cámara, me miraban como a un extraño, sin decir nada.
Desde el punto de vista umbilical de mi Rollei, trataba de moverlos, de aproximarlos, de que se miraran a los ojos. Para romper la distancia que mantenían les propuse tímidamente que se juntaran viendo hacia mí, sonriendo, por favor… Como dos jóvenes amigos, como dos camaradas, como compadritos, habré pensado en mi inocencia. ¡Qué pifia! Durante un segundo me miraron sin acercarse ni un centímetro. Tomé la foto. Insistí. Voltearon uno hacia el otro pero sin mirarse a los ojos. Tomé la foto. Más cerca, por favor, mirando para acá, maestro… Se aproximaron un paso, pero como dos especies distintas y cautelosas, los rostros confrontados pero las miradas divergentes. Tomé la foto. Avancé y a un metro tomé una más, Diego mirando hacia el suelo con su sonrisa enigmática, Siqueiros mirándome como un coronel, desvinculados uno del otro.
La distancia insalvable entre los titanes
Comprendí que estaba en el camino equivocado. La foto era ésa: la distancia insalvable entre los titanes, la incomunicación, la suma de desavenencias y décadas de polémica. Ya no me importó si sonreían o no. Dejé de ser el fotógrafo por encargo, el ilustrador de incidentes para una publicación, y supe que esos gestos y actitudes eran su realidad, y que eso había que captar… Entonces me sentí seguro de lo que quería, y empecé a disparar a mi manera. ¿Estaban serios, casi groseros, no se miraban? Bueno, pues así los fotografiaría. Di un paso más y tomé un acercamiento. Siqueiros pasaba su mirada como una bala perdida encima del hombro de Diego. Pero Diego Rivera, como un lento brontosaurio, giró su corpulenta humanidad hacia mí mientras enfocaba, y de pronto extendió su brazo sin violencia alguna, suavemente, pero con firmeza definitiva y solemne dijo: “¡Basta, ya basta!” Entonces di por terminada la sesión fotográfica, enfundé la cámara y me despedí. Había logrado tomar apenas ocho fotografías.
Esto fue en abril de 1956, y un 24 de noviembre de 1957 la vida de Diego Rivera se apagó. No imaginaba que Regino Hernández Llergo, el mítico director de la revista Impacto para la cual yo trabajaba, me ordenaría cubrir minuciosamente el funeral al lado del escritor, periodista y crítico de arte Antonio Rodríguez, defensor como pocos de la pintura mural mexicana y amigo e historiador de los grandes creadores de esa corriente. Junto a él vería el cuerpo de Diego en su casa de San Ángel, y luego en el ataúd bajo la cúpula de Bellas Artes, donde todo México le rindió tributo, y más tarde fotografiaría a Siqueiros junto a la fosa misma, donde la multitud se arremolinaba curiosa y dolida. Allí, en el Panteón de Dolores, aún al pie del sepulcro hubo incidentes cuando Siqueiros quiso despedirse de Diego con un discurso como del camarada militante que fue, y alguien quiso poner sobre el féretro la bandera roja con la hoz y el martillo. Esto desató las violentas reacciones consignadas fotográficamente en el reportaje que pocos días después desplegó Impacto en sus ocho páginas centrales. La crónica de Antonio Rodríguez, que hoy reproducimos, fue la más amplia y sentida de cuanta información se generó alrededor de la muerte del Titán.
El incomparable sello del diseño gráfico de don Regino y su instinto para resaltar la noticia mediante su manejo de las páginas periodísticas, lograba destacar los hechos notables en un impactante y perfecto contrapunto de textos, fotografías desplegadas, pies de grabado medidos milimétricamente, cabezas y sumarios, que metían al lector en algo más que una noticia, en algo más que un conjunto de fotografías o acontecimientos que ya pertenecían al pasado, pero que gracias a su puesta en página podían perdurar para el futuro, de las docenas de reportajes y de los miles de negativos extraviados en los avatares de un fotógrafo de prensa como el que fui, aquellos perdidos de la cobertura de la muerte de Diego al lado del inolvidable portugués Antonio Rodríguez, son los que más me duelen.
El hecho es que Diego murió como militante comunista y, seguramente, con un dejo de alegría en medio del dolor, cuando, unos meses antes, el cielo empezó a ser surcado por los sputniks, primeros satélites artificiales lanzados por el hombre hacia la conquista del espacio, precisamente desde la tierra donde nació la primera aventura socialista de la humanidad. Pintó hasta el día anterior al colapso, y su último boceto para un cuadro que ya no haría, se llama Niño con sputnik"
jueves, 6 de diciembre de 2007
DERROTA DE CHAVEZ POR CHAVISMO
Algo dificil de comprender en nuestra sociedad mexicana es ese extraño suceso que en las urnas de Venezuela,el pasado domingo en un sistema que nos pintan como autoritario,Hugo Chavez fue derrotado,por una minima diferencia,por la oposicion creada por el mismo sistema diseñado por el.Los sistemas que se autodenominan democraticos,solo las santos catolicos y apostolicos de occidente,se presenta un sintoma similar.Ante lo incomprensible que le resulta esta a Hugo Chavez lanza madiciones y denosta algo que tal vez pudiera utilizarlo contra sus opositores mundiales,la sociedad venezolana tiene la posibilidad de encontrar una formula autogestionaria,similar a la chilena tal vez,pero los intereses materiales son muchos esta sociedad tiene muchos obstaculos que afrontar siempre y cuando sepan entender bien esta coyontura.
sábado, 1 de diciembre de 2007
NO HAY NADA QUE FESTEJAR!!!
A un año de la toma presidencial de Felipe Calderon el ambiente que gobierna es de absoluto descontento social,esos medios de condicionamiento de masas que quieren disfrazar la realidad,esta cada dia les explota en las manos,Calderon acostumbrado a entrar por la puerta trasera da la pauta para salir tambien por la puerta de atras y el momento historico de Mexico debeser aprovechado por todos para llegar a madurar como nacion cambiando actitudes y tomar el papel que a cada ciudadano nos corresponde en esta maltrecha sociedad
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